Soy Lucía.
LUCÍA nace del encuentro entre las terapias y caminos que voy explorando a lo largo de mi vida, tanto para mi propia sanación como para acompañar a otres. Kinesiología (Fisioterapeuta para muchas partes del mundo), el Deporte, Yoga y Meditación Vipassana, Terapia Craneosacral, Chamanismo Urbano, entre otras herramientas y experiencias que me fueron formando en quién soy hoy.
Siempre parto de la experiencia en el propio cuerpo. Lo que elijo compartir es lo que a mí me da resultado, o lo que vi y sentí sanar a otres, pero siempre vivido en carne propia antes de ofrecerlo.
Busqué — sin querer queriendo, porque el Alma sabe el camino — los senderos más coherentes con mi esencia. Y a partir de mi propia búsqueda de luz, hoy puedo acompañar como terapeuta y guía.
Creo que somos seres complejos. Que no somos tan lineales como nos enseñó la mente lógica occidental, que los errores que supuestamente cometemos no son más que el camino pidiendo decisiones, elecciones, reformular acciones-reacciones. Y que sin respeto por la naturaleza, sin compasión por todo lo que existe, es difícil vivir una vida plena ya que desde mi punto de vista, esta actitud nos separa de nuestra intuición.
Sólo tenemos que recordar quiénes somos. Venimos con una ruta de viaje marcada, el karma de lo que hicimos en otras vidas, el peso de la familia que elegimos, o los traumas desde la panza de nuestra madre nos crean dolor, esto es natural. Lo que podemos elegir es si queremos quedarnos sufriendo en ese lugar donde tenemos una herida, o tomar coraje, voluntad y valor para volver al camino más suave: desde un cuerpo más suelto y menos rígido, aceptando los cambios y lo inesperado como parte clave. La tensión y la rigidez no son el enemigo, son un aviso de que algo necesita más atención para no perdernos del sendero. El templo — el hogar del alma y las emociones — merece respeto, agradecimiento y cuidado. Si logramos hacer esto con gestos pequeños o grandes, fáciles o difíciles, la vida se vuelve más llevadera. Y así estar disponibles para crear y dar lo que llevamos dentro, para aportar la vibración y frecuencia adecuadas hacia la armonía: OM, 432 Hz, ir hacia la ecuanimidad.
Todo es vibración. Todo tiene una consecuencia: lo que damos, vuelve con la misma frecuencia. Ese es el ciclo acción y reacción, causa y efecto, karma.
LUCÍA es mi forma de ofrecerte una pequeña guía hacia el bienestar, desde todo lo que voy aprendiendo y comprendiendo. Sé que esto es limitado — es una pantalla, no un cuerpo presente. Pero también sé que puede ser un puente, si entendemos algo esencial: la solución está dentro de cada une.